TURKEY
Viniendo desde Georgia, en la frontera, cambiamos dinero, compramos la Sim física por 42€ (exagerado) y el billete para Trebisonda que vale 500 TRY por persona, va directo y son 3 horas de bus. Al llegar a Trebisonda fuimos a por un kebap en la plaza principal del centro de la ciudad, dimos una vuelta en la parte antigua, vimos el atardecer sobre el puerto y como la estación de buses estaba lejos nos encaminamos hacia ella para comprar el ticket del siguiente viaje nocturno, Trebisonda → Samsun. 6 horas y medio de viaje y para dormir, de hecho nos dormimos y saltamos la ciudad donde teníamos que bajar. Así que hablamos con el conductor y nos dijo de quedarnos hasta el final de la corsa y a la vuelta bajar en Samsun; afortunadamente no nos cobró demás. En está ciudad todos los días a la hora de rezar, hacen unos disparos arriba de la montaña, vaya susto!! Es una ciudad tranquila y no hay turistas, maravilloso =)
Al llegar de buena mañana a Samsun, empezamos nuestra ruta por la ciudad; ese día acabamos recorriendo un total de 27 km, y lo peor fue que todo eran continuas subidas y bajadas que pusieron a prueba nuestras piernas. La estación queda bastante alejada del centro y las principales atracciones se extienden a lo largo de la costa, entre las que destacan: el Bandırma Vapuru Müzesi, el museo del barco de la liberación nacional (entrada 30 TRY), el amplio Parque Boulevard, la imponente estatua de las Guerreras Amazonas y la solemne estatua de Mustafa Atatürk. Esta ciudad, llena de historia y memoria, está mucho más desarrollada y moderna en comparación con otras poblaciones de la región; ofrece múltiples opciones de transporte público —metro, autobús, taxi, teleférico, bicicletas públicas, y más— aunque nosotros preferimos recorrerla a pie y empaparnos de cada rincón. Es un lugar de gran significado para toda Turquía, pues fue aquí donde Mustafa Kemal llegó el 19 de mayo de 1919 para iniciar la lucha que liberaría a la población del imperio otomano, un episodio que aún se siente en la atmósfera y los monumentos de la ciudad.
Al acabar nuestro recorrido por la grande ciudad, volvimos a la estación para comprar el billete de otro bus nocturno y a las 23:50 empezó la ruta hacia Göreme. Llegaríamos la mañana siguiente sobre las 6:30 am. En teoría ese bus tenía que acabar en la estación de ese pueblo, pero resultó que era la estación de otro sitio, Nevşehir, a casi cuatro horas andando de nuestro destino. Al llegar, había hielo en las carreteras, estaba medio nevando y estábamos a menos cero otra vez, así que el frío nos caló hasta los huesos. Tuvimos que acoplarnos con tres minibuses locales para llegar al famoso destino de Capadocia, donde vuelan los globos y la gente sigue viviendo dentro de las casas-rocas. El primero fue para llegar al centro: subimos al bus de un colegio, lleno de estudiantes, y allí estábamos nosotros dos, viajeros con nuestras mochilonas, llamando la atención. En el segundo nos equivocamos porque creíamos estar acercándonos y, al contrario, pasamos unos cuarenta minutos dando la vuelta entera que hace la línea, pasando por cada parada sin darnos cuenta; el conductor, amable, nos ayudó llamando al conductor de otro bus para que viniera a recogernos y así cambiar de línea. Por fin, ese último nos dejó en la parada que correspondía al tercer y definitivo bus hacia Göreme.
En breve desde la estación de Nevsehir sería coger un minibus local hasta la parada que está en frente de un supermercado, este vale 0,50cent y desde allí el bus específico para Goreme, 20min de trayecto precio 65 TRY (cambia en temporda alta), se paga dentro del bus en efectivo. Compramos comida en el supermercado para toda la jornada, pero al llegar en estos valles magníficos nos paramos igualmente en un bar a desayunar tortilla y tomates (8€).
Pasamos por la Rose valley, Red valley, visitamos iglesias construidas dentro de las rocas, entramos dentro de las cuevas de las montañas, todo andando por nuestra cuenta. Y la verdad que es mucho mejor ir de trekking por libre que llegar hasta Cappadocia solo para sobrevolar con un globo una meda hora, o ir con land rover, quads, caballos.. En esta epoca no había ninguno volando debido al viento y los cambios bruscos de temperatura; por curiosidad nos miramos a ver precios y en temporada baja es más económico pero aún así eran alrededor de unos 100€. El pueblo es muy bonito, aunque lleno de hoteles-cueva para turistas y restaurantes. Al atardecer subimos al mismo bus que nos llevaría a la misma parada del supermercado; hicimos otra mini compra para el día siguiente y empezamos la vuelta medio andando y medio en minibus local hacia la estación de buses, donde cenamos y compramos otro ticket nocturno que nos llevaría hasta Denizli, ciudad y provincia de Pamukkale, famosa por las piscinas termales de Cleopatra y las ruinas de Hierápolis.
Nevsehir → Denizli 37€ por dos tickets, salida a las 12 de la noche, unas 8 horas de trayecto, perfecto para pasar otra noche en ruta. Todos los buses nocturnos tienen servicio de bar con camarero y hacen paradas cada 2–3 horas. En la misma estación de Denizli, en la planta subterránea, hay minibuses que van directamente a Pamukkale; te dejan en la parte superior o en la inferior según lo que indiques. Nosotros bajamos en la entrada de la Hierápolis; todo está dispuesto como un recorrido unido que termina en la zona inferior tras las piscinas. La entrada cuesta 30€ por persona (nos pareció caro hasta que entramos): te proporcionan unos auriculares para escanear con la app y escuchar las explicaciones, y puedes elegir entre recorrerlo a pie o en carrito eléctrico, porque Hierápolis es realmente enorme y merece tomarse tiempo para explorarla con calma. Hierápolis era una ciudad helenística fundada por los frigios en honor a su propia diosa. Entre montañas, valles y aguas termales, se transformó en un importante centro de culto y de esparcimiento, así como en un lugar elegido por muchos para pasar los últimos días de la vida; por eso existen numerosas tumbas bien conservadas en las que incluso se puede entrar, como la supuesta tumba de Felipe Apóstol.
Desde la cueva de Plutón brota un agua peculiar, cargada de gases tóxicos y vapores, y por eso se la consideraba la entrada hacia el otro mundo y escenario de antiguos rituales. Este sitio pasó por muchas eras, mucha historia, vivieron indígenos, griegos, romanos y bizantinos a lo largo de los siglos, dejando capas superpuestas de cultura y arquitectura.
Al final del todo hay un museo que está incluido en el ticket y luego el panorama sobre las piscinas de Cleopatra, aguas termales que corren sin fin, conocido otambién como Castillo de Algodón. Aquí está permitido bañarse y pasear (obligatorio sin zapatos); se puede ir hacia la salida recorriendo todas las piscinas hacia abajo o volviendo atrás y saliendo desde la entrada principal. Nosotros estuvimos allí más de 5h para verlo todo con calma y disfrutar.
Mejores 60€ gastados en toda Turquía.
Después de bajar por las piscinas de cal, esperamos otro minibús y nos fuimos a visitar el centro de Denizli; dimos unas cuantas vueltas por las calles principales, la plaza mayor y los mercados que había ese día, y nos detuvimos a comer un buen kebap en un patio abierto. Compramos además pan turco fresco con pollo entero recién horneado en un puesto callejero (un total de 3€) y por la noche tomamos otra vez un bus hacia Estambul desde la misma estación de Denizli. También llegamos a considerar ir en tren para probar la experiencia, pero por el horario resultaba más conveniente el autobús. Suelen salir hasta alrededor de las 00:30–01:00 am, lo cual es cómodo para aprovechar todo el día.
Denizli → Estambul son unas 7 horas de trayecto; nos costó 52 € para dos personas.
Bastante caro, pero también comprensible dado que nos dirigíamos a la ciudad más famosa. Era nuestra última ciudad en Turquía donde habíamos planeado quedarnos 2–3 días, pero al final fueron sólo día y medio. Por qué? Porque hay muchísimas cosas que ver: museos, mezquitas, palacios reales, cementerios, cisternas, el Bósforo… hay mucha historia por todas partes. El problema es que todo tiene un precio exorbitante: saben que viven del turismo y, sumado al hecho de que Estambul es medio europea y medio asiática, tiran de esa ventaja. En resumen, una ciudad totalmente turística y fiestera; la calle principal nos recordó a Milán o Madrid, algo que no nos esperábamos. Y si hay poco budget, es más difícil ver y aprovecharlo todo. Para descubrir un lugar nuevo no hace falta estar en medio del caos; al contrario, suele ser mejor alejarse de lo “turístico” y buscar rincones más tranquilos y auténticos, donde los precios es más accesible y se vive la vida local.
Alquilamos unas camas en pleno centro, en un hostal con habitación compartida mixta para nueve personas por 15€ entre los dos; desafortunadamente estaba muy sucio (Moon Hostel: no volvería). El primer día paseamos por la parte europea de la ciudad: vimos la Mezquita Azul, la Torre Gálata, la iglesia de San Antonio de Padua, el Gran Bazar, Plaza Taksim, el Hipódromo romano y la Plaza Sultanahmet, disfrutando de cada rincón histórico y la vida urbana que bullía a nuestro alrededor. Nos detuvimos a comer y a cenar en el mismo restaurantito, lejos de la zona más turística, y resultó ser buenísimo y muy barato, con platos caseros que nos sorprendieron por su sabor y generosidad (sopa picante de legumbres y el pan con huevo típico, más dos bebidas, unos 13€). El segundo día dejamos el alojamiento y cruzamos al lado asiático de Estambul; atravesamos el Bósforo en metro hasta la parada Üsküdar y por fin disfrutamos de lugares poco turísticos, donde la ciudad mostró otra cara más tranquila y auténtica. Paseamos por la costa de Üsküdar, vimos la Torre de la Doncella y, buscando la tirolina de Nakkaştepe, descubrimos que el parque que queríamos visitar es en realidad una base militar, así que improvisamos una ruta alternativa por barrios residenciales. Luego nos perdimos por el centro histórico, recorriendo sus calles antiguas y saboreando los últimos cafés turcos y los postres riquísimos que ofrecen, cerrando el día con una mezcla de aromas y sabores que aún recuerdo.